sábado, 24 de marzo de 2012

Este cuento que os dejo hoy, lo hemos contado ya un par de veces y les ha gustado mucho. Con él vamos repasando las partes del cuerpo a la vez que van conociendo un "poquito" algunas obras de Picasso.
Es importante ampliar el mundo de las imágenes que ven, a veces se corre el peligro de  presentarles solo imágenes demasiado esquemáticas y pobres. Está en nuestras manos  enseñarles buenas fotografías, obras de arte y cuentos con ilustraciones realizadas por verdaderos artistas. Os recomendaré algunas editoriales de cuentos infantiles que son una apuesta segura, tanto en ilustraciones como en sus textos.


MAIA BAILANDO



Érase una vez una niña que le encantaba bailar. Se llamaba Maia. Maia bailaba y bailaba... Siempre estaba bailando.
A su papá le gustaba mucho dibujar y pintar. Se llamaba Picasso. ¿Habéis oído hablar de él? Picasso todo el día estaba pintando, pintó muchos cuadros.
Un día mientras Maia bailaba, su papá la dibujó bailando. A Maia le encantó el dibujo, su papá se lo regaló y lo puso en su habitación. ¡Estaba tan contenta!
A la mañana siguiente cuando Maia se levantó, lo primero que hizo fue mirar su dibujo y se llevó una desagradable sorpresa: ¡Le faltaba la cabeza!



- ¡Papá, papá! gritaba
- ¡Mi dibujo no tiene cabeza! ¡Alguien ha borrado mi cabeza!
- ¡Qué extraño! dijo Picasso
- No te preocupes, le dibujaré otra. En un momento volvió a dibujar la cabeza.
Al día siguiente, Maia miró su dibujo y... ¡No tenía brazos!


- ¡Papá, papá! ¡Mi dibujo no tiene brazos!
- No te preocupes, en un momento dibujó otros.
Al día siguiente, Maia miró su dibujo y... ¡No tenía piernas!


- ¡Papá, papá! ¡Mi dibujo no tiene piernas!
- No te preocupes, en un momento dibujó otras.
Al día siguiente, Maia miró su dibujo y... ¡No tenía cuerpo!


- ¡Papá, papá! ¡Mi dibujo no tiene cuerpo!
- No te preocupes, en un momento dibujó otro.
- Papá, ¿Quién borrará cada vez una parte de mi dibujo? preguntó Maia.
- Creo que habrá sido el Arlequín, a veces le gusta gastarme bromas, dijo Picasso.


- Pues dile, que no borre más mi dibujo, porque lo va a emborronar. Si está aburrido que salga de su cuadro y se ponga a bailar conmigo.
Y desde entonces Maia ya no bailaba sola, su pareja era un arlequín.
Y colorín, colorado..este cuento se ha acabado.

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